Después de varios días de un fuerte incendio forestal que mantenía bajo presión a brigadistas y autoridades en la Sierra de Miquihuana, un fenómeno climático poco común cambió el panorama en la zona. Durante la noche se registró una lluvia acompañada de granizo que ayudó a disminuir la intensidad del fuego. La precipitación sorprendió a los habitantes y a quienes combatían el siniestro, ya que en cuestión de horas el paisaje se transformó por completo. Las áreas que permanecían cubiertas de humo, ceniza y vegetación quemada amanecieron con una capa blanca provocada por el granizo. Este inesperado cambio en el clima contribuyó a enfriar el terreno y reducir el avance de las llamas en algunos puntos del incendio que afectaba la sierra desde días atrás. Aunque las labores de monitoreo y control continúan por parte de las brigadas, la granizada representó un apoyo natural que permitió aliviar parcialmente la emergencia. El contraste fue evidente: de un escenario marcado por el fuego y las cenizas, la Sierra de Miquihuana pasó a mostrar un paisaje invernal que pocos esperaban ver en medio de la contingencia.


